jueves, 22 de mayo de 2014

Nº 23 de Poesía para llevar

El amor duerme en el pecho del poeta


Tú nunca entenderás lo que te quiero
porque duermes en mí y estás dormido.
Yo te oculto llorando, perseguido
por una voz de penetrante acero.

Norma que agita igual carne y lucero
traspasa ya mi pecho dolorido
y las turbias palabras han mordido
las alas de tu espíritu severo.

Grupo de gente salta en los jardines
esperando tu cuerpo y mi agonía
en caballos de luz y verdes crines.

Pero sigue durmiendo, vida mía.
Oye mi sangre rota en los violines
.
¡Mira que nos acechan todavía!



      Sonetos de amor oscuro, Federico García Lorca



Federico García Lorca  (Granada, 1898-1936)

El 17 de mayo se celebra el Día Internacional contra la Homofobia.

Por este motivo, esta semana os proponemos la lectura de El amor duerme en el pecho del poeta, uno de los Sonetos de amor oscuro de Federico García Lorca. Se trata de una colección de once poemas que, por miedo, permanecieron inéditos hasta 1984.

Con el más puro y exquisito lirismo Lorca expone de forma explícita su reivindicación de la homosexualidad,  de su queja y angustia por un amor incomprendido en aquella época y en tantas otras. Quiere hablar de aquellos a los que en Granada «sólo les saludaba el aire», como decía Ángel Ganivet.

Estos sonetos perfectos, magistrales en su clasicismo y en su finura, suponen la liberación del lenguaje literario para exponer el sentimiento amoroso del poeta con felicidad, con pasión, pero con tanta pasión y tormento que el propio Vicente Aleixandre, al oirlos por vez primera, exclamó: “Federico, ¡qué corazón! ¡Cuánto ha tenido que amar, cuánto que sufrir!”.

martes, 13 de mayo de 2014

Nº 22 de Poesía para llevar (el Nº 21 incluye los ganadores de nuestro concurso en la categoría de poesía, lo que se encuentra ya en la entrada anterior de este blog)



Y DIOS ME HIZO MUJER

Y Dios me hizo mujer,
de pelo largo,
ojos,
nariz y boca de mujer.
Con curvas
y pliegues
y suaves hondonadas
y me cavó por dentro,
me hizo un taller de seres humanos.
Tejió delicadamente mis nervios
y balanceó con cuidado
el número de mis hormonas.
Compuso mi sangre
y me inyectó con ella
para que irrigara
todo mi cuerpo;
nacieron así las ideas,
los sueños,
el instinto.
Todo lo que creó suavemente
a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días
por las que me levanto orgullosa
todas las mañanas
y bendigo mi sexo.

De El ojo de la mujer, 1997






GIOCONDA BELLI
Escritora nicaragüense (Managua, 1948), nació  en el seno de una familia acomodada. Tras  diplomarse en  Publicidad y Periodismo en Filadelfia, Estados Unidos, regresó a Managua.  Su oposición a la dictadura de  Somoza la llevó a exiliarse en México y Costa Rica. De 1970 a 1994 militó en el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), de cuya Comisión Político Diplomática formó parte. Tras el triunfo sandinista fue representante del FSLN ante el Consejo Nacional de Partidos Políticos. Dejó la vida política para dedicarse  exclusivamente a la literatura. Desde la década de los 90 reside en California.
Sus primeros poemas aparecieron en 1970. Su poesía se consideró revolucionaria y su primer libro causó un gran impacto por su manera de abordar el cuerpo y la sensualidad femenina; en los poemarios siguientes combina el erotismo con las preocupaciones sociales y políticas.

“Poema inspirador para las mujeres, alegre, optimista”.
(Ángela Zarranz)

“Este poema me parece bonito, respeta la belleza femenina y todos sus atributos.”
(Roberto Bravo)

“Al leer este poema, todas las mujeres nos sentimos identificadas por todas las características que nos definen.”
(Pilar Becerra)

“Hermosa poesía para levantar el orgullo femenino en esta sociedad machista”
(Andrés Mánguez)

“Este poema refleja el orgullo de ser mujer. Me gusta mucho, ya que me hace sentirme una mujer más optimista por ser quien soy.”
(Elena Martín)

“Este poema habla de la anatomía de la mujer, de cómo las mujeres son y del orgullo de serlo”
(Alejandro Alcaya)

“Es el orgullo de ser quién eres y cómo eres. Lo considero una forma de decir que hay que estar orgullosa de ser mujer.”
(Irene Molinero)

Todos los comentarios son de alumnos de 3º de ESO.

lunes, 12 de mayo de 2014

Poemas ganadores del concurso


Poemas ganadores Certamen literario

IES Hermanos Argensola

 

Categoría 1º, 2º ESO

 

MUNDO DE ESTRELLAS

 

Decidme,

Cuando el sol se pone tras la montaña

y el cielo se viste de estrellas

 

Cuando la luna sale al cielo

y sustituye al sol en su anhelo

 

Cuando la tierra se oscurece

y la belleza de la luna aparece

 

Cuando entre un silencio sepulcral

oyes a los grillos su canción entonar

 

Decidme,

Cuando todo esto sucede

¿por qué cerramos nuestros ojos?

Si la noche es del día

el momento más hermoso.

 

Irene Puyuelo, 2ºE ESO




 

Categoría 3º y 4º de ESO

 

María, la niña olvidada

María juega con su osito de peluche.

María juega con su conejito de peluche.

María juega en la cárcel.

María juega mañana, tarde y noche.

María duerme con su conejito de peluche.

María sueña con su osito de peluche.

María vive con sus dos peluches.

María vive en su cuna, mañana, tarde y noche.

Papá desaparece, mamá está de juerga,

María llora tras los barrotes, de su prisión eterna.

La hora de patio comienza, cuando mamá regresa.

La hora de patio termina, cuando mamá de mí se olvida.

La única salida es a la guardería y al comedor,

donde nadie se preocupa, por un bebé necesitado de amor.

Ni un simple beso, ni una sola caricia,

única en el mundo, sobrevive María.

Sus compañeros de celda, sus objetos más preciados,

su osito y su conejito, son sus amiguitos.

Feliz vive en su pequeño rincón, esperando la necesaria atención,

mientras sus padres ahogando sus penas, se van de botellón.

De su embarazo no deseado, María nació

y en la cárcel reside, hasta que se haga mayor.

 

David Murillo, 4º C ESO




 

Categoría Bachillerato, Ciclos

 

Día a día

Para todos aquellos que hablan por hablar

Para esos que sonríen por sonreír

Para esos que miran al cielo con esperanza

Para los que se juegan la vida levantándose cada día

Para todos aquellos que juegan con la vida y nunca pierden

Para esas personas que buscan el rayo de luz en días de tormenta

Para todas esas personas que existen en este mundo de locos

Para toda esa gente que vive en este mundo de comecocos

Yo les quiero agradecer su esfuerzo y dedicación

En serio… de todo corazón

Les quiero agradecer… que aunque esté todo muy oscuro

Y en vez de tomar cianuro,

Se levantan cada mañana y llenan este mundo de alegrías

Que todo esto lleva su tiempo

Que todo esto lleva su propio son

Que esto no sea un réquiem por un mundo perdido

Que esto sea una canción

Canción que cuando todos la entonemos despeje cualquier tempestad

Que cantemos todos con una gran hermandad

Que cantemos esa canción cuyo nombre es ilusión

Que creamos un mundo mejor a partir de un latido

Que busquemos un poco de sentido

Dejemos extinguir el odio, para dar paso a la razón

Creamos un mundo policromático

Que no existan distinciones por color

Todos somos personas todos somos iguales

Creamos un mundo metafísico

Que no solo apreciemos lo que vemos

Que creamos en los sueños

Y que la gente nos deje soñar

Para tener leyes:

Crear…

Vivir…

Soñar…

Pensar…

Razonar…

Respetar…

Y  sobre todo amar

Si todos soñamos con esta gran ilusión

Se hará realidad de todo corazón.

 

Luis Parra, 1º Bachillerato C

Relato ganador categoría Bachillerato y Ciclos


MIEDO

Dicen que a lo largo de nuestra vida tenemos dos grandes amores: uno con el que te casas y vives para siempre, aquel que puede ser el padre o la madre de tus hijos... esa persona con la que puedes estar el resto de tu vida junto a ella. Luego esta ese segundo amor, esa persona que perderás siempre, aquella con quien naciste conectado, tanto, que las fuerzas de la química escapan de la razón, y te impedirán alcanzar un final feliz.

Siempre he pensado que yo tenía a aquel segundo amor, que había roto las fuerzas de la química... pero ahora me veo frente al altar, vestida de blanco y con un ramo de rosas rojas en la mano y ese sentimiento se ha borrado de mi mente. Todos los ojos están fijados en mí y me sonríen pero yo soy incapaz de devolverles la sonrisa. Lentamente me dirijo al altar junto con mi padre que me agarra con sus brazos fuertes, aquellos que me daban seguridad de pequeña, pero que ahora me hacen sentir insegura, como un cervatillo en el bosque rodeado de más de mil cazadores.

Recuerdo aquella primera noche en la que conocí a Alan, nuestras miradas se cruzaron y no fueron necesarias las palabras para saber que conectábamos. Ese primer beso en junio de 2008 en aquel solitario banco detrás del instituto. Esos días en el parque, donde pasábamos las horas entre risas y besos. Mi pelo, moreno y rizado, enredado entre sus manos. Aquellas manos que me abrazaban fuerte cuando estaba triste mientras me susurraba al oído “Te quiero” con sus labios finos. Aquellos labios que escondían su preciosa sonrisa. Esas estúpidas peleas que siempre acababan con un beso...Eramos dos jóvenes adolescentes enamorados y listos para hacer frente al mundo. Pero quizás solo fue eso, un amor de adolescencia y quizás ya no lo quiera pero no sé por qué soy incapaz de darme la vuelta, salir corriendo en busca de aquel otro amor, aquel que siempre se nos escapa. Quizás sea porque no sé quién es o puede que sea por el miedo. Ese miedo que todas las personas tenemos. Aquel al que lo llaman “Soledad”.

Sigo avanzando hacia el altar, con ganas de huir, pero me siento como un robot programado, incapaz de hacer lo que deseo.

El sol me quema la espalda y los pájaros cantan una triste melodía. Entonces lo veo. Esos cabellos rubios y esos ojos grandes son inconfundibles. Me sonríe, le sonrío, sus ojos me miran fijamente de abajo a arriba y se detiene en mis ojos. Entonces comprendo que es él. Él es con el que quiero estar, a pesar de las veces que hemos discutido.

Erik es el típico hombre que se acuesta con una mujer distinta cada noche, pero que tiene un gran corazón. Trabaja conmigo de policía, es mi compañero desde hace tres años y no hemos pasado ni un solo día sin discutir, aunque siempre acabábamos tomando una cerveza en el bar después de trabajar.

Me fijo en Alan, que también me sonríe, y le devuelvo una sonrisa triste y confundida. Y es que, a veces, se desprende más energía discutiendo con alguien a quien amas, que haciendo el amor con alguien al que aprecias.

A  pesar de conocer la realidad, de conocer mis sentimientos llego al altar. No me doy la vuelta para irme con Erik, aunque mi instinto lo desee. Recuerdo aquella frase que nos dijo el maestro de Tailandia cuando fuimos Erik y yo de viaje. Nos ató con una cuerda e incendió la casa. El nudo estaba flojo, podías escapar sin ningún problema pero el miedo nos lo impedía. Nunca había comprendido esa frase del todo, pero ahora me siento identificada y es que el maestro tenía razón. No es la cuerda lo que nos ata, es el miedo.

 

 Claudia Salas, 1º C Bachillerato

 

Relato ganador categoría de prosa, 3º y 4º ESO


Acababan de dar la medianoche en el reloj de la mesilla cuando escuchó otra bomba. Esta vez había explotado más lejos. Había conseguido dormir tres horas sin pesadillas. La niña de largos cabellos negros se colocó un pañuelo alrededor de la cabeza, no por obligación como hacían otras mujeres, sino para protegerse del polvo y de los gases que le esperaban fuera. Su madre ya estaba en la que había sido la cocina, aunque ahora solo quedara un pequeño espacio para hacer una hoguera. Al abrir la puerta bajó las escaleras de una en una, con cuidado de que no se desmoronaran. Abrió la puerta del búnker –como así lo llamaban- y entró. Estaba lleno de polvo y, de momento, sólo había conseguido llegar una de las familias que vivían en su edificio.                                                                                                                            -الجلوس بجانبي. – Le dijo otro niño. Le hizo caso y se sentó…

‘’¡Beep! ¡Beep!’’ El despertador consiguió despertar a Sara Quintana a la primera. ¿Era posible que solo hubiera dormido cinco horas? Echándose un domingo a las tres de la madrugada, después de salir de fiesta, no era la mejor forma de empezar la semana. Ese día tampoco pensaba ir al instituto. La cabeza le daba vueltas, y tampoco recordaba nada de lo que había pasado la noche anterior. Sin embargo, su madre no pensaba igual. Diez minutos después, entró en la habitación y encontró a su hija hecha un desastre: el pelo rubio y rizado estaba lleno de enredones, la cara pintada con maquillaje seco y, lo que era peor, notaba un olor a alcohol que envolvía la habitación. Ante la pasividad de su hija utilizó su mejor arma: el chantaje. Cogió su móvil y le quitó la batería. Sara se percató poco a poco de lo que estaba pasando y, como otras veces, le hizo prometer que se ducharía y que iría al instituto para estar allí a las nueve. Desgraciadamente, el agua de la bañera no estaba a la temperatura que deseaba y tardó más de lo necesario en calentarse, ya que odiaba ducharse con agua fría…

El sol por fin amaneció por su ventana, atravesando las cortinas rasgadas. Debían ser las diez de la mañana. Fue a mirar a la cocina, pero el agua se había terminado, ese día tocaría caminar unos tres kilómetros para conseguirla. La noche anterior había sido una de esas ‘’noches buenas’’, pasando únicamente dos horas en el refugio y durmiendo seis horas tranquilamente. Sobre las cinco tuvo que calmar a su madre, que había vuelto a despertarse tras soñar con su padre. Rápidamente se vistió y salió de casa, dejando a su madre descansar. Consiguió coger un par de manzanas secas y fue a por agua. Hacía ya dos años que no había pisado la escuela y la echaba de menos. Añoraba estudiar, que la felicitaran por sus poesías, e incluso los castigos. Echaba de menos su vida normal…

Sobre las cuatro de la tarde, Sara volvió a casa. Llevaba una carta a su madre de parte de la directora: la iban a expulsar tres días. No entendía el funcionamiento de los castigos. Si lo que ella quería era dejar de estudiar, ¿por qué la castigaban con un premio? Era una ironía. Al pasar por el supermercado compró un botellín de agua fresca. Nada más salir tiró casi todo el contenido sobre sus manos, ya que estaban sucias. Se sentó en un portal con el móvil, observando una foto de su padre. Hacía ya dos años que no sabía nada de él, se lo imaginaba luchando cada día sin descanso, en una guerra que él no había elegido…

Sin darse cuenta, había anochecido. Día tras día, la niña se pasaba el tiempo yendo a buscar agua y robando alimentos a los mercaderes. En ese momento escuchó algo. Por la calle empezó a pasar un camión cargado de soldados. Tras un momento de inquietud, la niña se calmó ya que los hombres eran extranjeros. Uno de ellos se acercó a ella y la agarró de la muñeca. A lo lejos la chica empezó a oír disparos. Recordó lo que su madre le había explicado cuando comenzaron los conflictos: ‘’Aléjate de los disparos. Aléjate de los soldados sirios. Escóndete. ’’ Soltó lo que tenía en las manos y aumentó el ritmo para alcanzar al hombre diferente a ella que le estaba ayudando a salvar su vida.

Después de diez minutos sin parar de correr, el desconocido la llevó a uno de los muchos edificios en ruinas. Se sentaron juntos en un rincón mientras los disparos se oían cada vez más cerca.

-Hello, my name is Quintana. –habló el hombre. La niña lo entendió, ya que recordaba parte del inglés que había aprendido en la escuela. El hombre de cabello corto, rizado y rubio le inspiraba confianza. Había logrado mantenerla a salvo hasta entonces, a pesar de no conocerla.

-You are very brave. You look like my daughter Sara; I haven’t seen her since I left home. I miss her. - Esta vez, la chica sólo entendió que era valiente y algo de una chica. Su nombre le recordaba a una de sus amigas que, como su madre le explicó, ya no podría ver. Los disparos y gritos se acercaban.

-What is your name? - Le preguntó el hombre.

-Ghada-.

Su nombre fue lo último que se escuchó antes de que un silencio sepulcral se apoderase de todo…

Sara estaba ya en la esquina de su calle mientras anochecía. Cuando miró hacia su casa vio unos coches de policía. Recordó lo que le había oído decir a su padre antes de marcharse: ‘’La tranquilidad os tiene que acompañar para que yo vuelva. ‘’

Entendió lo que significaba.


Ixeia Sánchez, 4º B

Relato ganador en la categoría de prosa, 1º y 2º de ESO


 

LA FUENTE DE LOS BUENOS DESEOS

 

Una antigua leyenda relata que en lo más profundo de la selva hay una fuente mágica que permite cumplir un deseo a aquellos que lanzan una piedra al agua. Los habitantes de un poblado de la selva se pasaron años buscando esa fuente, sin encontrarla nunca.

Hasta que un día, mucho después de haber abandona la búsqueda, por fin la encontraron. Todo fue alegría y dicha en el poblado. Sus habitantes se dirigieron hacia la fuente, y ya estaban dispuestos a lanzar su piedra y formular un deseo, cuando un grito los interrumpió.

Y es que alguien había descubierto en una piedra cercana la siguiente inscripción:

He aquí la fuente maldita,

que deshace los deseos de quienes se acercan a pedirlos.

 

El desconcierto reinó entre los habitantes del poblado. ¿Cómo podía ser eso posible? ¡Era todo lo contrario a lo que decía la leyenda! Y entonces llegó la incertidumbre: ¿qué debían hacer? ¿Dar crédito a una vieja leyenda o hacer caso a la advertencia de la piedra?

Así, todo el mundo se quedó quieto, en silencio, sin atreverse a hacer nada. Porque solo había una forma de comprobar cuál de las dos versiones sobre la fuente era cierta, pero nadie quería renunciar a su sueño o arriesgarse a que una desgracia se cerniese sobre ellos.

Entonces alguien tuvo una idea: que una persona pidiese un deseo sin importancia, de modo que no importara si se cumplía o no. Pero llegó el nuevo problema: solo se permitía un deseo por persona, así que ¿quién sería el que sacrificase el suyo por los de los demás?

De modo que todo el mundo se quedó allí, esperando a que alguien diese un paso adelante antes que ellos.

Y allí siguen, con la piedra en la mano, esperando.

Y tal vez algún día, alguien sospeche la auténtica verdad sobre la fuente.

 

Clara Sallán

 

jueves, 10 de abril de 2014

Nº 20 de Poesía para llevar

Anacreonte de Teos
(Teos, 572 - 485 a. C.)
         “Canosas tengo ya las sienes…”


Canosas ya tengo las sienes
y blanquecina la cabeza,
pasó ya la juventud graciosa,
y tengo los dientes viejos;
del dulce vivir el tiempo
que me queda ya no es mucho.
Por eso sollozo a menudo,
estoy temeroso del Tártaro.
Pues es espantoso el abismo
del Hades, y amargo el camino
de bajada... Seguro además
que el que ha descendido no vuelve.


(El Tártaro es tanto un dios como un lugar del inframundo o infierno/ Hades es la morada de los muertos, también designa a su dios, hermano de Zeus y Poseidón)



Anacreonte de Teos (572 - 485 a. C.): poeta griego nacido en la ciudad
 jónica de Teos, situada en la costa de Asia Menor.

Aquí nos habla del tormento que siente por la vejez.





Me parece un poema un poco especial y, a la vez, real, porque trata de la vida misma y de que todo va acabando.
Aroa Guillén Lázaro. 2ºESO

Me pongo triste al pensar que un día se va a acabar mi vida, porque no voy a poder amar, estar con amigos…
Adela Hernández López 1º ESO

El autor se da cuenta de que es muy mayor y ha terminado su juventud. Pronto morirá y tiene miedo porque ni la juventud ni la vida vuelven. Me gusta porque es un poema escrito hace mucho tiempo y el tema aún es actual.
Celia Grasa Marina, 3º ESO

Este poema trata de un hombre que tiene miedo a la muerte. Me he sentido joven por un momento.
Juan Manuel Lorente. 3º ESO

Habla sobre el tormento de la vejez y la exaltación de la existencia ante la fugacidad de la vida. Manifiesta el dolor por no ser eterno y creer que todo es pasajero.
Celia Conejero 2º Bchto.

                              IES  RÍO GÁLLEGO (Zaragoza)

miércoles, 2 de abril de 2014

Nº 19 de Poesía para llevar

Lucía Jiménez Pérez (Sabiñánigo, 1995 )


 TARDES DE MAYO

 Cuando mayo ensancha el cielo
 y se solidifican los árboles como promesas
 es liviano el paso por el presente
 tras meses de nubes bajas
 y un camino anegado de charcos
 que es un lento caminar por el pasado.
 Es seguro el avance cuando viene el aire sobrio
 a embriagarnos de finales y certezas,
 pero cuando cae el viento de la tarde
 y se encienden los faroles reticentes
 y las plazas nos llaman desde su inmensidad desierta
 un susurro de otros tiempos nos agarra del pelo
 y se nos cuelga del alma balanceada
 por un coro de miedos antiguos
 que tienden su horrible sombra
 sobre el verano verde todavía.
 Líbranos señor
 de que el invierno no deje madurar los sueños
 y el olvido ahogue la esperanza en sus honduras.

 (Inédito, 2013)


 Lucía Jiménez Pérez

 El verano pasado terminó mi vida como la conocía: no más pueblo, no más mi casa, no más instituto, no más San Alberto Magno. Desemboqué en Septiembre en una nueva realidad de Madrid, un colegio mayor, universidad, Filología Hispánica. Como un cuadro de Monet, las diferentes manchas vitales no cobran sentido hasta que te tomas unos pasos o unos meses de distancia. Y así hoy entiendo lo determinante que pueden llegar a ser en una vida entera los seis años de instituto. No hay potencialidad mayor que la de los adolescentes que pasan como un suspiro por esas aulas: están por determinar, no se han puesto todavía el pesado sello de “historiador”, “filósofo” o “biólogo” con el que todos salimos de selectividad como si fuera un premio.

 Dejarse empapar por todos los saberes, experimentar y nunca cerrarse puertas: el instituto está para conocerse y para equivocarse, ciencias y letras, probarlo todo, para llegar a los dieciocho años y a la certeza de haber encontrado lo que te gusta, aquello a lo que quieres dedicar tu vida, pues al fin y al cabo eso es lo que significa estudiar una carrera universitaria. Por eso no hay que tener prisa por llegar a ella, sino aprovechar al máximo esos años de instituto para llegar al final sabiendo, no esperando saber. A la poesía se llega de tardes turbias y noches hondas, de grandes dudas y pequeñas certezas; se llega a ella por momentos, pero uno se queda en ella para siempre.